Perseverar en la esperanza para ser templo de Dios

Este domingo la Iglesia celebra la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, recordándonos la importancia de la casa de Dios y nuestro papel como su templo. Jesús, al purificar el Templo de Jerusalén (Jn 2, 13-22), nos enseñó que la verdadera adoración nace del corazón, sincera y respetuosa.

Hoy, como creyentes, somos llamados a ser «templos del Espíritu Santo». San Pablo nos recuerda que la Iglesia es una comunidad viva, unida por la fe en Cristo (1 Cor 3,9-11.16-17). Las diferencias entre nosotros deben enriquecer y fortalecer la unidad.

Al celebrar la Basílica de San Juan de Letrán, reflexionamos que lo esencial no son las estructuras, sino la actitud de nuestro corazón. La verdadera adoración se da en espíritu y verdad, como Jesús enseñó a la samaritana.

Sigamos el ejemplo de San Agustín: “Cuando recordemos la consagración de un templo, pensemos que cada uno de nosotros es un templo del Espíritu Santo”. Que este tiempo de reflexión nos inspire a ser templos vivos, llenos de esperanza y dedicados al servicio del Señor, en unidad y amor.